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por Milagros Soler

El municipio de Fernán Núñez, en la provincia de Córdoba, fue testigo de una de las historias más singulares jamás contadas. Su protagonista fue "Moro", un perro callejero que nadie sabe muy bien como llegó al pueblo.
Según cuentan algunos de sus habitantes, lo dejaron abandonado en un bar de la carretera unos camioneros que pasaron por allí. Otros, que lo vieron por primera vez debajo de un olivo, junto al cadáver de un vagabundo que bien pudiera haber sido su dueño.
Lo cierto es que "Moro" llegó a Fernán Núñez allá por la década de los setenta. Desde el primer momento destacó en él una característica singular: Perecía conocer el destino de aquellas personas que iban a fallecer. Cuando la muerte estaba próxima para alguno de los habitantes de la villa, "Moro" se acercaba a su puerta y permanecía allí. Luego, asistía invariablemente a su entierro, acompañando como uno más, a los dolientes del difunto.
Este
hecho no solo llamó la atención de los habitantes de la población cordobesa,
sino que fue también noticia en la prensa internacional. La la televisión
alemana haría un reportaje sobre tan singular animal, y varios periódicos
nacionales como en la revista semanal "El Caso" o en el "Diario de Córdoba"
dedicaron espacios en sus páginas para comentar el extraordinario suceso
Su percepción sobre los hechos luctuosos llegaba al extremo, que cuando era trasladado desde Córdoba, Barcelona o Madrid algún fallecido para ser enterrado en el pueblo, él esperaba a la entrada del casco urbano al coche fúnebre. Luego, iba hasta el domicilio donde se hacía el velatorio y finalmente, acompañaba a la comitiva al cementerio.
Han querido explicar esta conducta tratando de decir que le atraían las manifestaciones en las que participaba mucha gente, ya que en ellas podría obtener caricias y comida. Sin embargo, nunca asistió a bautizos, bodas o cualquier acto colectivo que, con estas mismas características se celebrara en el pueblo.
Recorría las calles bajo la mirada atenta de sus habitantes. Algunos le temían por creerlo mensajero de la Muerte. Otros, le facilitaban comida y atenciones, agradecidos por haberles acompañado en los difíciles momentos de la pérdida de un ser querido.
Parece ser que fue una de las mujeres del pueblo llamada Carmela la que le puso el nombre. También la que pudo asistirlo en sus últimos momentos.
"Moro" murió en el año 1.983 como consecuencia de una paliza brutal que le propinaron unos desalmados incruentos. Alguien anunció a Carmen que había un perro aullando en "El llano de las Fuentes", como si estuviera agonizando. Cuando llegó, al animal apenas le quedaba aliento de vida. Ella le dio agua, refrescó su cuerpo y lo abrazó hasta que, después de cruzar sus miradas, falleció.
Varios hombres cavaron una fosa junto a unos paredones, en el lugar llamado las "Huertas Perdidas". Poco tiempo después, esa parte de los muros, se derrumbaron inexplicablemente sobre la tumba del animal, como queriendo constituirse en mausoleo de tan singular criatura.
- "Moro" - según diría Carmen- , tenía algo que era sobrenatural.
Doce años después de ser salvajemente apaleado hasta su muerte, fue inaugurado en Fernán Núñez un monumento en el Parque de las Fuentes. Juan Polo, el artista que realizó la escultura, reflejó la tristeza, la paz y la bondad de un animal que ha entrado por mérito propio, en el mundo de la leyenda.
"Moro" acompañando un entierro
M*