HAIKU III
Diez noches de julio
Desde La Alpujarra de la Sierra, Yegen. Agosto de 2006

La comparsa de los mulatos ilumina con sus farolas anaranjadas las calles húmedas del barrio, el niño revienta artizada desde el balcón de piedra y asoma su cabecita de gamo asustado ante el grito amarillo de los cascabeles. Esta noche el rey de la peonías, soberano de las flores, acaricia el lomo violeta de la osa celeste, mientras la dulce flauta habanera abreva la falda de tafetán dorado de la orilla de Regla. El piano del maestro resuena en la plaza mezclándose con el rumor de las olas de la bahía teñidas de un rosa crepuscular.
oí lo que oí.
El barco del Emperador de La Habana navega por el Río Amarillo de los sueños llevando en su vientre, de madera de sándalo, la seda pintada por Huang, puedo oír el chasquido de los remos nacarados y el quejido del agua rota, se dirige a la ciudad prohibida, la que tiene tres bocas en la bahía y se revuelve como un lagarto envenenado verde. El dragón de jade agita su cola multicolor y las perlas de vidrio se desparraman por los adoquines.
jadea mi oído
el crótalo del tiempo
Ya de aleja la comparsa, la noche avanza y los pies descalzos se estrellan contra el asfalto; la bailarina se agita poseída, ahora, por no sé que duende escarlata, el ritmo tan denso, ensordece el aire con su ruido enloquecido de maracas y ópalos lunares.
Salpican la acequia
Ah, la gloria al alba
Tres golondrinas
A la caída de la tarde
Y la mesa sola
Jardín de Yegen
Agua en la acequia
El laúd y la mazurca
Queman rastrojos
Un almendro aguarda
Bajo la humareda
De flores altas y estrellas
Se viste la madrugada
Ah, los campanilleros
La rama del cerezo
Y un trazo gris
El gorrión se posa
Fuego acróbata
Que no consume
Ceniza y nieve
Velos de bruma
Son los almendros
Tras el aguacero
El chaparrón se aleja
Cuánta agua en la hierba
Ah, que fragancia
Bajo las hojas secas
Un río de lágrimas
Más allá la lluvia
Prisionero de la helada
Murmura el viento
Ah, su melancolía
Silencioso saltamontes
Todo el tiempo
Sobre la camisa blanca