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PIGMALIÓN Milagros Soler Cervantes
Pigmalión enamorado de Venus.
Pigmalión, bondadoso e ingenuo gobernante de Chipre, convencido de la imperfección de las mujeres, decidió permanecer célibe toda su vida. Esto se prometió a sí mismo y asi mismo lo comunicó a sus súbditos, preocupados como estaban, por la descendencia de su Dinastía. Pasaba días y noches refugiado en su taller de escultura, buscando y estudiando la perfección en las formas.
Pigmalión realizando la escultura de Venus.
Cuando la soledad se le hizo insoportable decidió crear una estatua de marfil a imagen y semejanza de Venus, de quien –según afirman algunas versiones de la mitología– se había enamorado locamente. Como su amor no fue correspondido por la hija de Diones y Zeus, decidió tallar una escultura copiando la belleza de la diosa.
Tan admirable resultó la creación, tan real y elegante en su gesto, que pasaba horas y horas contemplándola. Hubiera jurado el artista que aquella materia inerte tenía vida propia y que por pudor no cobraba movimiento. Entonces, deslizaba sus manos por el cuerpo de marfil, esperando encontrar en sus caricias el pálpito que demostrara que su sueño era posible. Nos cuenta Ovidio en su Metamorfosis:
Le da besos y cree que le son devueltos, le habla, le abraza y le parece que sus dedos se hunden en sus miembros cuando los toca (…) Unas veces la halaga con ternura y otras le lleva regalos de los que gustan a las muchachas, como conchas, pájaros, flores…(…) También adorna su cuerpo con ropas. Pone gemas en sus dedos y en su cuello, largos collares (…) Y desnuda no es menos bella. La tiende sobre cobertores teñidos de púrpura de Sidón, la llama compañera de lecho y recuesta su cuello sobre blandos cojines de plumas como si ella pudiera notarlo.
Nacimiento de Venus surgiendo del mar.
Venus era la diosa más venerada en Chipre. Sus santuarios tenían fama en todo el Egeo. Un día, en una de las celebraciones religiosas que se hacían en su honor, Pigmalión solicitó desesperadamente a los dioses que le dieran una esposa que se pareciera a su virgen de marfil. Afrodita escuchó la súplica y como señal de que su deseo le había sido concedido, hizo que las llamas del ara de Pigmalión destacaran, por su brillo, entre las de los otros altares allí encendidos.
Pero el rey chipriota no supo interpretar el signo y regresó, infeliz, a su palacio. Después de contemplar con intensa tristeza a su criatura, se acercó una vez más a besar sus labios. Notó entonces la ausencia de la frialdad del marfil y como una boca cálida y solícita se complacía en el beso.
La virgen –nos sigue contando el poeta latino- sintió los besos que le daba, se sonrojó, y alzando hacia él sus ojos, vio la luz, contemplando a la misma vez el cielo y a su amante.
Pigmalión puso a su compañera el nombre de Galatea, quien también se enamoró profundamente de su creador. De su unión nacieron varios hijos, entre ellos, Paphos, que sucedería a Pigmalión en el gobierno de la Isla.
La escultura de Venus, dando lugar a Galatea.
PIGMALIÓN Breve reflexión en torno al mito
El ángel caído (Fallenangel). Dibujo de Luis Royo
El relato de Pigmalión, como todos los que encontramos en el panteón griego, encierra significados y valores universales, intrínsecos en la naturaleza y en la psicología del hombre. Investigadores como Robert Rosenthal han definido en sus estudios las características de lo que se ha dado en llamar el efecto Pigmalión. Es decir, el hecho de que exista un alto índice de posibilidades de que las expectativas que tenemos sobre las personas de nuestro entorno tiendan a realizarse. Algo así como la auto profecía que se cumple.
Eso vendría explicado porque nosotros, como intérpretes de los perfiles humanos con los que nos relacionamos, les devolvemos una imagen que éstos, a su vez, nos sugirieron. Cuando la idea que tenemos del otro es positiva, al ser recibida por nuestro interlocutor, le sirve de estímulo en su esfuerzo para no defraudarnos. Contribuimos así a una nueva conformación de la percepción que la otra persona tiene de sí misma y que, a su vez, condicionará la nuestra.
Esa recreación del Ego
resulta altamente satisfactoria para la persona que la recibe,
potenciando que nuestras expectativas, como decíamos antes, no se vean
defraudadas. Hay que añadir que el mismo fenómeno puede producir también un
resultado negativo.
Pero sobre todo, conviene tener en cuenta que el resultado de la obra que contemplamos es, en buena parte, producto de nuestra imaginación. Habrá que tener cuidado en ese caso, por si la diosa Venus no estuviera cerca para ayudarnos.
En Granada, madrugada del 15 de Abril de 2005 (Conclusiones para a una conversación imposible)
Música: Sunefiasnemi
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